Con más de 800 millones de bicicletas usadas diariamente en el mundo, Zaragoza aspira a convertirse en una ciudad donde la convivencia con este medio de transporte sea ejemplar.
Esas antiguas bicicletas que un día nuestros padres olvidaron en el trastero, vuelven a estar de moda. Se están revalorizando, y parece que va a continuar la tendencia. Y es que los usuarios de la bici se están multiplicando por decenas. Las calles son el principal testigo.
Comienza una nueva época dorada de las dos ruedas, un tiempo de esplendor para desplazarse en este invento creado hace más de 150 años. Desplazamientos que se están convirtiendo en un hecho cotidiano para muchos zaragozanos.
Para ir a trabajar, para reunirse con amigos, o un simple paseo por la ribera del Ebro son algunos de los usos comunes que damos al único transporte que hasta la fecha, cuenta con autonomía ilimitada.
Pero si miramos a nuestros vecinos europeos en esta carrera por el uso masivo de la bicicleta, comprobaremos que nos queda mucho camino por recorrer. Todavía estamos rezagados. Hablo de ciudades dónde la bici es considerada un elemento extremadamente útil debido a las distancias cortas entre los barrios periféricos. Ciudades donde los carriles-bici o marcas especiales son suficientes para distinguir el lugar de circulación y en donde apenas existen contratiempos.
Ciudades como Londres, Ámsterdam o Copenhague, donde gran parte de la población tiene una bicicleta basándose en el principio de “El más rápido, el más barato, y el más fácil”. Poblaciones dispuestas a ir en bici sin poner excusas acerca de la temperatura.
Esas antiguas bicicletas que un día nuestros padres olvidaron en el trastero, vuelven a estar de moda. Se están revalorizando, y parece que va a continuar la tendencia. Y es que los usuarios de la bici se están multiplicando por decenas. Las calles son el principal testigo.
Comienza una nueva época dorada de las dos ruedas, un tiempo de esplendor para desplazarse en este invento creado hace más de 150 años. Desplazamientos que se están convirtiendo en un hecho cotidiano para muchos zaragozanos.
Para ir a trabajar, para reunirse con amigos, o un simple paseo por la ribera del Ebro son algunos de los usos comunes que damos al único transporte que hasta la fecha, cuenta con autonomía ilimitada.
Pero si miramos a nuestros vecinos europeos en esta carrera por el uso masivo de la bicicleta, comprobaremos que nos queda mucho camino por recorrer. Todavía estamos rezagados. Hablo de ciudades dónde la bici es considerada un elemento extremadamente útil debido a las distancias cortas entre los barrios periféricos. Ciudades donde los carriles-bici o marcas especiales son suficientes para distinguir el lugar de circulación y en donde apenas existen contratiempos.
Ciudades como Londres, Ámsterdam o Copenhague, donde gran parte de la población tiene una bicicleta basándose en el principio de “El más rápido, el más barato, y el más fácil”. Poblaciones dispuestas a ir en bici sin poner excusas acerca de la temperatura.
Y en este sentido, tenemos suerte en la ciudad del viento, debido a la disposición geométrica de las calles y a una temperatura media agradable durante la mayor parte del año.
Si realizamos un análisis de la realidad, nos daremos cuenta que estos difíciles momentos en los que nos ha tocado vivir, sirven para comenzar grandes cambios, cambios de mentalidad, y en particular cambios sobre la opinión de este medio de transporte.
Una ciudad que se encuentra continuamente en obras, los cada vez más elevados precios del carburante, la dificultad de encontrar un espacio donde aparcar, una mejor percepción de los ciclistas. Estas son algunas de las razones por las que cada vez el transporte ecológico de dos ruedas, va ganando adeptos.
Aunque siguen existiendo diferencias en la interpretación de la ordenanza municipal, cada vez toman mayor conciencia conductores, peatones y ciclistas. Y es que es un entendimiento entre las partes lo que nos llevará a darnos cuenta que esta convivencia es un compromiso de no retorno.
¡Que comience el desfile de bicicletas!
Colaboración de: Daniel Esteban Molero
Si realizamos un análisis de la realidad, nos daremos cuenta que estos difíciles momentos en los que nos ha tocado vivir, sirven para comenzar grandes cambios, cambios de mentalidad, y en particular cambios sobre la opinión de este medio de transporte.
Una ciudad que se encuentra continuamente en obras, los cada vez más elevados precios del carburante, la dificultad de encontrar un espacio donde aparcar, una mejor percepción de los ciclistas. Estas son algunas de las razones por las que cada vez el transporte ecológico de dos ruedas, va ganando adeptos.
Aunque siguen existiendo diferencias en la interpretación de la ordenanza municipal, cada vez toman mayor conciencia conductores, peatones y ciclistas. Y es que es un entendimiento entre las partes lo que nos llevará a darnos cuenta que esta convivencia es un compromiso de no retorno.
¡Que comience el desfile de bicicletas!
Colaboración de: Daniel Esteban Molero













































