Entérate Zaragoza Delicias
20 Mayo 2013
6:43

EL RINCÓN DE ALLEPUZ: "10K: CRÓNICA DE UNA HAZAÑA"


Colaboración del escritor Sergio Allepuz (Barcelona, 1969). Este catalán residente en el zaragozano barrio de Delicias desde 1998, atesora una buena cantidad de premios en distintos concursos de microrrelatos. En nuestro diario online "Entérate" los disfrutamos todos los lunes.



El autor acechando los trofeos del evento
El autor acechando los trofeos del evento
10K: CRÓNICA DE UNA HAZAÑA

Por una vez y sin que sirva de precedente, he cambiado el domingo de vermut por una agónica carrera popular de 10 Km. ¿Por qué un adulto, sensato, sin apenas antecedentes de locura familiar, se mete en estos fregados? Ése, es el misterio que me ocupa. 

Estoy a punto de entrar en carrera, a unos 200 m de la línea de salida, donde nos ponemos nosotros, los atletas de relleno. Mi objetivo: hacer buen papel entre los de mi edad, pero debo admitir que antaño, los cuarentones no parecían velocistas jamaicanos como los dos que tengo a mi lado. Asumo los hechos y rebajo mi objetivo: ganar al abuelete de la camiseta roja que está detrás de mí. Pistoletazo de salida y el anciano se pone a mi lado tirando fuerte. ¡Maldición!, deberían hacer el control antidoping a estos veteranos. Le sigo hasta el Km. 2 y se me va. Le grito sofocado: “¡Correr es de cobardes!”, pero se aleja. Yo a lo mío, que es sufrir.

Km. 3: ya he perdido 2 minutos respecto a mis previsiones. El cronómetro va mal, seguro. Nuevo objetivo: que no se me escape el tipo que lleva el globo amarillo con un 50 dibujado, que hace de liebre para los que quieren acabar la carrera en 50 minutos. Eso sería un tiempazo para mí, queridos lectores. Un grupo de tres señoras corretea charlando animadamente y me encuentro a gustito con su ritmo, así que me uno a ellas hasta el Km. 5, recuperándome de lo del abuelete y viendo como se aleja en el horizonte mi tercer objetivo.

Km. 5: decido darlo todo y acelero a tope en busca del globito de 50. Soy el viento, soy el rayo..., pero me pilla por detrás el tipo del globo de 55 minutos. “¡Joder!”, exclamo. Cuarto y definitivo objetivo: llegar trotando a meta, con cierta dignidad, junto al globito amarillo de 55.

Km. 6: nos dan botellines de agua, pero sin manual de instrucciones de cómo se desenrosca el tapón y se bebe sin dejar de correr. Me atraganto, derramo media botella sobre mi pecho y salpico al del lado. Mojo mi cabeza con la otra mitad para adquirir un aspecto dramático de corredor de fondo y lo consigo, a tenor de la cara con que me mira el público (la crema solar que se me mete en los ojos enrojeciéndolos hasta lagrimear creo que ha ayudado lo suyo). Ante mi estupor, el globo de 55 ha desaparecido.

De los Km. 7 y 8 no hay ni rastro. Incapaz de encontrar su señalización deambulo perdido por la carrera sin saber cuánto me queda por delante. Sólo recuerdo mi visión nublada por la crema solar y fuego en la cabeza por los 28º C de temperatura ambiente.

Y, del último kilómetro, qué deciros…. Que lo midieron mal los de la organización y era de dos mil metros, creo. Delante de mí, a 500 m de meta, aparece el abuelete de la camiseta roja. ¡Lo he pillado! Me ve y acelera. Es un duelo en la cumbre que no pienso perder, amigos. Cuando cree que me ha derrotado, a escasos 50 m de la meta, se relaja y yo corro como nunca. Levanto las rodillas al cielo, cierro los ojos, rechino los incisivos y le adelanto en la misma raya de meta. Resoplo y me siento tontamente orgulloso de mi hazaña. Casi a escondidas, antes de abandonar el circuito, me saco una foto sonriendo frente a los trofeos. Tan cerca y tan lejos, pienso. Quizá, si se despistan las azafatas y yo soy lo bastante rápido….


Colaboración de: Sergio Allepuz Giral




11/06/2012 - 09:44


Nuevo comentario:
Facebook Twitter
B i u  QUOTE  URL

Actualidad | Deportes | Música | Tienes que ver | come y bebe | Publicidad | Sin Categorizar